EL MAESTRO LIMPIADOR DE PINCELES
(Parábolas de ECK, ECK Essentials, Harold Klemp, pp. 67-8)
Había una vez un pintor cuyo arte era reconocido por su gran belleza. La gente lloraba, conmovida por la exquisita relación entre la pintura, el lienzo y el tema. El color, la textura, la luz y la perspectiva creaban una belleza armónica única como una gran pieza musical o una voz majestuosa.
¡Sus pinturas tenían tanto poder!
Todo esto se debía al hecho de que era un maestro limpiador de pinceles. El profundo amor, alegría y cuidado que ponía en el cuidado de sus pinceles se manifestaba en su arte. El amor se convirtió en estas hermosas pinturas. La gente venía a estudiar con él, con la esperanza de descubrir su técnica de pintura. Vieron que pasaba mucho tiempo limpiando y cuidando sus pinceles, y muchos -la mayoría- pensaban que era su excéntrica y pesada rutina.
Engrasando los mangos de los pinceles, acondicionando los pelos.
Algunos pensaban que era superstición; otros, que estaba algo loco. Sin embargo, ocasionalmente, los estudiantes que buscaban sus secretos imitaban su proceso de limpieza de los pinceles, pero no amaban sus pinceles. Cuando alguien le preguntaba por qué pasaba tanto tiempo limpiando sus pinceles, sonreía y se encogía de hombros.
Los estudiantes lo miraban continuamente cómo pintaba, pero apenas notaban que los pinceles se llenaban de color, bailando con la oportunidad de cobrar vida con su mayor potencial en las manos de alguien que los amaba.
El lienzo suplicaba por sus trazos.
Es increíblemente raro que un estudiante captase el secreto que estaba en el cuidado de los pinceles. Pero cuando ese estudiante llegó, le trajo al pintor una alegría trascendental. El estudiante había descubierto el secreto de que los pinceles no eran mágicos. El pintor no era un mago. Pero el amor sí lo era. No era la técnica. Era la inversión en la Fuente.
Al pintor no le importaba si la gente amaba las pinturas. Sólo le importaba que le atrajeran estudiantes. Y quizás uno de ellos llegaría a conocer y encarnar este secreto de amor por sí mismo. ¡El estudiante tendría entonces el secreto de la vida!